
jueves, 6 de noviembre de 2008

viernes, 17 de octubre de 2008

Cosas que me gustan de esta ciudad.
Si, es verdad, esta ciudad es un desastre. Es un desastre y ningún caraqueño, que se precie de serlo, puede decir lo contrario. Pero, todo aquel caraqueño debe reconocer que, insólito por demás, esta ciudad es adictiva. Es un vicio que te va consumiendo, pero eres incapaz de abandonarlo; te arrastra y te lleva a una especie de simbiosis malsana. Es tal la fiebre por esta ciudad, al menos a mí me pasa, que cuando salgo de ella regreso rauda y veloz, como si me hiciera falta el ruido, la contaminación, el caos, etc, etc,etc…Si bien es cierto que me quejo cada segundo por lo caótica locura de ésta urbe, me enloquece sus noches de desenfreno rodeados de alcohol y buena vibra; los fines de semana de excesos y diversión que me ofrece sus centros nocturnos bañados de novedad neoyorkina y sabor latino. También, tengo la costumbre de comparar cada ciudad que visito con la cosmopolita y cambiante capital de Venezuela y me doy el tupé de repetir con total desparpajo: “Caracas es Caracas, y lo demás es monte y culebra”. ¿Quién no ha repetido esta expresión cuando está en algún lugar parecido a Altagracia de Orituco? Es eso, el ritmo acelerado y convulso en la que nos movemos los habitantes caraqueños, nos ha convertido irremediablemente, o por lo menos a mí, repito, en unos masoquistas sin remedios que gastaremos los años entre quejas y besos furtivos. Pero, ciñéndome estrictamente a lo que plantea el título de este pasquín, voy a mencionar lo que me agrada de esta ciudad:
1)Ir por la autopista Francisco Fajardo y que dar sorprendida con lo más loco que he visto: una cola de motorizados por lo congestionado del tráfico. Eso, dificulto lo pueda ver en otra ciudad, país, mundo…
2)Estar en el cine viendo una fabulosa película y que entre una mujer aturdida gritando “me quieren violar” ¡¡¡¡ Auxilio, alguien que me ayude”. Ojo, no era parte de la película, era una mujer gritando sin parar que la iban a violar. Por su puesto, se prendieron las luces y mi fantástica película se quedo a medias, pero las tardes de risa que me ha regalado esta disparatada escena, son invaluables.
3)Las tardes de teatro en el Celarg viendo una película chilena.
4)Leerme un buen libro sentada en un autobús, mientras el conductor me ameniza la tarde con música de Ricardo Arjona. Esto a lo mejor puede pasar en otra ciudad, pero con el tráfico capitalino me da tiempo de leer el libro completo.
5)Pasear por la Universidad Central y echarme cómodamente en la grama de tierra de nadie.
6)Tomarme un café con una amiga en algún lugar de Altamira, mientras me deleito con lo hermoso de esta ciudad, que se desnuda en pleno cuando logras verla más allá de la bruma que la envuelve.
viernes, 19 de septiembre de 2008
¿Me lo habrá escrito a mi?
Arturo Pérez-Reverte. "El maestro de esgrima"
viernes, 5 de septiembre de 2008
¿Por qué escribir todo en el blog?
Era como leer un diario, tenebroso por cierto, de la niña más infeliz del mundo. Triste la verdad, muy triste. Eso me llevó a preguntarme: ¿Para qué sirve realmente un blog? ¿Cuáles deberían ser las cosas adecuadas para escribir en un sitio que van a leer, posiblemente, millones de personas? ¿Es pertinente escribir los deseos y sueños; los anhelos y penas, dentro de la red? Reconozco que no llegué a una respuesta concreta, porque fue bastante complejo descifrar el uso de un blog y lo que puede sentir una persona al momento de sentarse frente a un computador y descargar sus ideas. Pero, me sigue pareciendo insensato escribir “mi novio me dejó ayer y me quiero cortar las venas” en un sitio que, probablemente, pueda leer algún sádico triste que se identifique con la pobre vida de esa escribiente y decida montarle una especie de acoso sexual. O, también es muy posible, que alguien sin corazón, fanática a burlarse frenéticamente de las desgracias ajenas, consiga en ese blog una diversión para sus tardes aburridas en el trabajo. Es posible, que la intención de esa bloggera sea ese, causar lastima, risa y hasta pena ajena cuando escribe lo infortunada y patética que puede resultar su vida.
martes, 5 de agosto de 2008
Una buena grosería
miércoles, 16 de julio de 2008
Este hecho peculiar, ha evolucionado con el tiempo y las palabras que, en otrora, identificaban algún aspecto personal, ahora pertenecen al historial lingüístico de los “abuelos”. Este punto también logra identificar características de las personas; el hablar con términos usados años atrás, te ubica perfectamente como alguien de avanzada edad. Decir: “¿Qué estás esperando, la Billo? Te contextualiza entre los 70 y 80 cuando la era de los Melódicos y la Billo’s Caracas Boys, estaban en su máxima expresión. Eran un boom, pues…
Así ha pasado con todo, las frases y palabras típicas de cada región o sector, logran ubicar, cual GPS, a que momento o lugar perteneces. Este hecho ha evolucionada con los años; las frases que utilizaban nuestros padres y que para la época causaban furor, hoy en día fueron intercambiadas por un “burda” o un “más fino”. Ahora somos un compendio de frases extrañas que combinan un spanglish venezolanizado.
Un “burda” (palabra cuyo significado real desconozco) dicho con “r” te pinta con pollina de medio lado y un mandibuleo en los labios que - cuando hablas - emite el mismo sonido de cuando tienes dormida la lengua con lidocaína. En cambio, un “bulda” dicho con “l” te para en la acera de enfrente y, como regla sin ecuanon, montado sobre una moto subiendo los estrechos cerros capitalinos.
Así éramos, así somos y así seremos per secula seculorum.
viernes, 4 de julio de 2008
Adular,es una arte
Pero, tampoco es una tarea fácil las que tienen los ilustres jaladores. Su trabajo también amerita cierta destreza y habilidades. Por ejemplo, estar 6 horas sentado- moviendo la cabeza continuamente de arriba hacia abajo- escuchando pendejadas en un mitin político, es una tarea olímpica y hasta titánica. ¿Sabes lo que es aplaudir durante tanto tiempo sin un solo engarrotamiento de dedos? No es fácil… Valga una ovación, pues….Lo cierto de todo este triste opúsculo, es que ambas prácticas humanas carecen de semejanza y que, por lo menos, si se van a dedicar a la jaladera, traten de ser una poco más delicados. Es decir: “Coño, jalen, pero no se guinden”.