lunes, 5 de mayo de 2008

Sin palabras...


El NO club de fans

En la ciudad de caos, donde convergen toda clase de especies, anfibios, reptiles y seres humanos, renace desde el inframundo con aspecto repugnante, una cabeza peluda que tapa su terrible alopecia con una particular gorra del Che Guevara. No se sabe como apareció, pero ahora aspira ocupar un alto cargo en alguna gobernación del país.
Este ser redondo, barbudo y con verbo flamígero, convulsiona las pantallas venezolanas durante su programa nocturno: La hojilla. Eructa diez veces por segundo- cosa que es razonable tomando en cuenta todo lo que debe comer para abastecer semejante barriga- Insulta a sus émulos con total normalidad, mientras pasa por encima –sacándole la lengua- a todas las leyes que protegen la integridad del otro. Este panzón famélico de poder es más famoso que Don francisco y más odiado que Popi; goza de lo que se ha denominado: El no club de fans. Todos aquellos que quieran pertenecer al no club de Mario Silva, pueden hacerlo por medio de este blog y depositar todas sus gloriosas groserías para enriquecer el desprecio merecido de esta pandemia que amenaza con apoderarse del país.

martes, 15 de abril de 2008

La confesión

¿Cómo hacer cuando en un momento embarazoso te quedas sin palabras? Es terrible, quedarte con la boca semi abierta, pálido, con la vista centrada en un punto y pensando: ¿Qué carajo digo? Repito, es terrible. Rápido, rápido, piensa, responde. Ya llevas 5 segundos con los dedos rozando el teclado, balbuceando frases, verbos, sustantivos y adjetivos-mayormente descalificativos- Rápido, rápido, dime algo.
Imaginense la escena: yo, sentada en el sofá, con mi suegra a la derecha y me sobrina a la izquierda. En mis piernas, la laptop mostraba algún estúpido video de youtube. Risas. Todo en armonía. Abajo, una pequeña luz naranja iluminaba la pantalla. “¿Qué es eso? Alguien me hablaba en Messenger. Era un amigo, un gran amigo, un viejo amigo.
n Hola, dijo el
n ¿Viste la foto? Jajajaja. Es mi esposo
Empalidecí. Mi novio, frente a mí- que no es casi jodedor- me miró y sin pensarlo soltó una carcajada siniestra. “Lo sabía, lo sabía”, gritaba mientras su mamá horrorizada preguntó: “¿Tu amigo es Gay?”. Mientras tanto, mi amigo esperaba respuesta. Era una confesión; un secreto que todos, menos yo, sabían. Responde, responde rápido.

Terrible fascinación

Siempre fui una de las principales detractoras de la tecnología. Odiaba todo lo que tenía que ver con nuevas resoluciones, megapixeles, banda ancha y esas cosas que todavía desconozco. Creo que fui la única enajenada que no tenía internet en pleno 2006. No tenía y no me interesaba. Era la única que iba a las bibliotecas en busca de información sobre las nuevas teorías de la comunicación y no las bajaba del superbucador Google. No sabía-y repito-no me interesaba. Me hablaban de los nuevos videos sobre algún idiota que se caía de un árbol o la nueva foto porno de Britney; y en medio de risas falsas, disfrazaba mi profundo desconocimiento del tema. Y confieso, mi desconocimiento tenía asidero en un miedo terrible por el monstro de dos cabezas que significaba el famoso Internet Explorar. Me imaginaba metiéndose en mis venas, intoxicando la sangre y devorándome poco a poco el cerebro.
Fue en esa mañana, esa maravillosa mañana, que descubrí un mundo fascinante. Me deje llevar por las cautivantes imágenes, la rapidez de su búsqueda, y la maravillosa facilidad de saber los chisme más increíbles de tus amigos del bachillerato-no hay nada más satisfactorio que ver a compañeros de clases un tanto destruidos- Me dejé llevar; no puse ninguna objeción; no me hizo petición para entrar , y sin embargo, la acepte. No hay cine, fiesta o guateque que pueda contener mis ansias de conectarme en Messenger. Sea cual sea la ocasión, surge en mi la inquietante curiosidad por revisar la lista de mis nuevos amigos del facebook-mas del 90% de ellos no los conozco-y el ansia por navegar en las profundas dimensiones del fascínate mundo del internet. Reconozco mi enfermedad. Me gusta internet; muero por los videos de youtube ¿Y qué? Si fuese por mí, pasaría horas alienada frente a la traslucida pantalla de mi rastrojo de computador. Estoy tan inmersa en la fascinación, que hasta creé mi propio blog.