La primera impresión que tuve cuando llegué a la isla de Margarita fue el enorme desconocimiento que yo misma tenía sobre la región. Desde mi pequeño mundo, que se extiende desde la punta de mi nariz hasta la redondez de mi ombligo, tenía la desacertada idea que Margarita era sólo playa, playa y más playa. Por mi mente pasó la idea de que la vida se me iba en ir a Parguito todos los fines de semana a tostar mi piel de forma irresponsable, para luego lucir mi espectacular bronceado a mis amigas de Caracas.
Al principio fue así. No lograba ubicar algo más que la arena y el mar. Luego de un extenso ejercicio de observación logré ver más allá de mi entrecejo: en Laisla hay mucho que conocer y hacer.
Empecé por cosas sencillas, que estaban a mi alcance y que no ameritaban grandes esfuerzos. Un sábado decidí recorrer los Castillos que bordean el estado y que figuran como el acervo histórico más importante para los lugareños. Visité el San Carlos de Borromeo, ubicado en Pampatar, y luego me pasé hasta el Castillo de Santa Rosa, un fuerte ubicado en la Asunción y que resume, entre uno de los tantos cuentos que lo caracterizan, haber sido el calabozo de la heroína Luisa Cáceres de Arismendi, durante casi tres meses.
Aunque están bastante descuidados, y muchas de los artículos antiguos se encuentran en “acceso restringido por restauración”, me sorprendió el orgullo con el que Juan, trabajador de Corpotur y guía del recorrido por el Castillo de Santa Rosa, te echa el cuento sobre la “Batalla de MataSiete. Apenas si se le entiende, pues habla rapidito y sin pausas, pero la pasión de su historia le brota por la mirada, te la inyecta en las venas y, prácticamente, te recrea la lucha que cientos de margariteños libraron dentro de ese enorme cerro.
“Allí, en aquella montaña que se ve allá, mire, allá (y extiende su dedo para orientarme frente a tanto verde y tan azul) se libró la batalla de Matasiete, cuando 300 patriotas lograron derrocar a 3 mil hombres del ejército español (…) se llama mata siete porque nuestros hombres, a través de un piedra que arrojaron, lograron a matar a 7 españoles”.
Esta historia, según me dijo, la ha contado miles de veces y, sin embargo, no puede dejar de reírse cuando dice: “Se llama Matasiete porque con una piedra mataron a siete, jijiji”.
Aun me falta recorrer el famoso Fortín de la Galera, fuerte que se construyó para proteger el puerto de JuanGiego y, según afirman, es uno de los lugares más hermosos de la Isla. Allí me pienso sentar a conversar con los niñitos hermosos que echan el cuento como si estuvieran rezando el Padre Nuestro en la misa dominical. Trataré de entenderlos y de brindarles unas empanadas. Espero encontrarme a Vladimir, sí, el niño que sale en la cuña de Digitel.
…..
Mis otras paradas: La Casa de la Cultura Ramón Vásquez Brito y el Centro de Arte Omar Carreño. Ambos son espacio donde la cultura es tan real como la hermosura de las obras hechas por el maestro Ramón Vásquez. Están rodeadas, en su mayoría, por trabajos artísticos hechos con manos margariteñas. Son grandes complejos que resumen lo mejor del talento que reside en la Isla. Leer en ambos sitios es celestial. También se pueden ver obras de teatro, galerías, conciertos, exposiciones y todo cuento a cultura se refiere. La gran mayoría de las actividades son gratuitas, lo que favorece enormemente que la gente se sume masivamente.
……
Aun sigo viendo mi ombligo, pero ahora, eventualmente, extiendo mi mirada hacia otros destinos. Me falta mucho, lo sé, pero al menos tengo la intención de conocer y aprender más allá de lo que enseñan los guías turísticos. Me esfuerzo por conocer sitios nuevos y, aunque a menudo me encuentro con los mismos lugares comunes, me sorprende la variedad de espacios que se están desarrollando en la región. Vamos, no se compara con la variedad de Caracas, pero quizás, dentro de algunos años, la Isla pueda ser reconocida como un lugar que tiene algo más que playas y caña a precio de puerto libre.
martes, 5 de abril de 2011
miércoles, 9 de marzo de 2011
¿En serio te crees mejor persona?
El 5 de marzo, en horas de la mañana, murió Lina Ron a los 52 años de un infarto. Este fue el mensaje que me llegó al msm blackerry apenas prendí el aparato. Estaba en mi casa, sufriendo los estragos de una noche de vinos y ese mensaje me trastocó. No es que particularmente haya sentido afinidad por esa mujer de verbo encendido, ni siquiera sentía interés por esa fuerza reaccionaria que emanaba de su boca, simplemente me dio pena porque la muerte, por más que se quiera explicar y analizar, es dolorosa en todos los sentidos. Perder un familiar es un dolor similar al desprendimiento de un órgano, que se irriga por dentro y luego deja un vacío insustituible. Todo aquel que haya experimentado la muerte de un ser amado sería incapaz de alegrarse frente a la muerte.
Al leer el mensaje busqué información: qué había pasado, cómo habrían dado con su cuerpo, dónde sería velada, opiniones de sus familiares y demás detalles que están rodeadas con la muerte. En la búsqueda encontré de todo, desde una pequeña biografía, hasta una ristra de comentarios sobre la alegría que producía en otros “seres humanos” la muerte de Ron. No pude sentir menos que lástima por esta gente, sentí pena y hasta dolor. Esto me llevó a lanzar un comentario por las redes sociales, ámbito que se ha convertido en algo más que un diario para mí.
Mi tweet, específicamente, fue este: “Si usted se alegró con la muerte de Lina Ron, corra a su psiquiatra más cercano porque la política le ocasionó graves problemas mentales”. Un tweet simple y llano, que refleja la apreciación que tengo con respecto al sentimiento de satisfacción (e intrínsecamente relacionado con el odio más profundo y visceral) que produjo el deceso de Lina Ron en algunos venezolanos.
Cada quien es libre de pensar de la forma que quiera, de odiar o amar al presidente Chávez y sus seguidores y de estar o no de acuerdo con las políticas gubernamentales aplicadas, pero de allí a sentir placer, alegría, gozo o satisfacción por la muerte de otro ser humano hay un largo y espinoso trecho. Me pregunto: ¿acaso te gustaría que algún vecino (de esos inmamables que existen en casi todos los inmuebles) se alegrara y se carcajeara de la muerte de tu padre? ¿Antes de reírte por la muerte de Lina Ron pensaste, si quiera, en el dolor que embarga el corazón de sus familiares? Criticas a Lina Ron por las acciones que marcaron su férrea posición política, la consideras un ser violento, capaz de cometer delitos punibles y sancionables. ¿Sabes en qué te conviertes tú inmediatamente después de reírte de la muerte de una persona? ¿Sabes cuán podrida puede estar tú alma al sentir y disfrutar que un ser humano haya perdido la vida a causa de un infarto? ¿Realmente te crees mejor persona que Lina Ron simplemente porque ella fue a Globovisión y lanzó varias bombas lacrimógenas (por nombrar uno de los casos que más se le ha repudiado)? ¿Realmente eres mejor persona? Acuérdate leyendo el mensaje, revive el momento cuando tu rostro comenzó a formar un mohín y luego un sonrisa; vuelve a leer tus tweets de burla y la mofa que montaste en Twitter. Ahora te vuelvo a preguntar: ¿Realmente te crees mejor persona que Lina Ron?
Aquí les dejo algunos de los comentarios que produjo mi tweet. Los agrego porque muchos de ellos me llevaron a escribir este post.
1.) @Carloschac @Lisaladelsur tiene razón pero si causo un alivio una lider menos para la revolución
2.) @tovegal SENSATO WILMALY @Lisaladelsur Si Ud se alegró con muerte Lina Ron corra a psiquiatra pq la política le ocasionó graves problemas mentales
3.) @Makled_Oficcial @Lisaladelsur Por duelo este fin de semana, el hampa disminuirá en Ccs !
4.) @miguelmariara RT @rosahdez: RT @Lisaladelsur: Si usted se alegró con la muerte de Lina Ron, corra a su psiquiatra más cercano porque la política le ocasio
5.) @germanmilano @Lisaladelsur no nos alegramos pero es difícil digerir tanto odio de una persona a sus semejante incluso hasta desearles la muerte.
6.) @megaherzt @Lisaladelsur. Pobre lina la revolucion se la llevo. Que sigan pasando arrecheras y nop aprendan a vivir!
7.) @josezavalaz @Lisaladelsur estoy feliz por q es un chavista menos q le ha hecho dano al país.
8.) @La_Zaranda No hay alegría, pero mucho menos tristeza. si tu estas triste si q deberías ver un psicologo RT @Lisaladelsur Si usted se alegró con l
9.) @verdad1721 @Vladivillegas Felicitaciones por el RT de @lisaladelsur. Oportuna y sabias palabras
10.) @oscardrmont @Lisaladelsur tocara ir todos porque nadie tomo la noticia por el lado triste! Igual q con tascon!
11.) @verdad1721 David Marquez @Lisaladelsur Felicitaciones! Que palabras tan sabias, oportunas!
12.) @PQVOSVEAIS @Lisaladelsur SI HUBIERAS RECOMENDADO A ELLA PERSONALMENTE MIENTRAS ESTABA VIVA QUE SALIA CON EL POCO DE MALANDROS A MATAR AQUI ESTARIA
13.) @YiMmIcAsTiLlo @danielgeorgeh Si ud. se construye su realidad en base a lo que dicen los periódicos, solo conoce la mitad de su entorno @Lisaladelsur
14.) @DanielGeorgeH rt @Lisaladelsur @YiMmIcAsTiLlo Si usted creyó que Lina simplemente hacía política, compre periódicos y abra los ojos. "Correrá sangre" decía.
15.) @adrianacarol @Lisaladelsur con chavez todo sin chavez plomo, si cambio el sujeto x uno del MUD, y lo grito en TV, segurito voy presa... QEPD igual LR
16.) @henrytox RT @cucuhunck: RT @Lisaladelsur: Si usted se alegró con la muerte de Lina Ron, corra a su psiquiatra más (cont) http://tl.gd/94g411
17.) @abiudhr @Lisaladelsur ok, entonces dejame llamar a un psicologo amigo que tengo...gracias
18.) @evelyncontigo @elu32 @Lisaladelsur allá te esperará!
19.) @evelyncontigo @ @Armuse @Lisaladelsur a cuantos mato?
20.) @Armuse @Lisaladelsur. No hay que alegrarse por la muerte de un ser humano, pero la justicia divina esta actuando.
21.) @alevelasquez23 @Lisaladelsur estoy muy deacuerdo
22.) @Mimira @Lisaladelsur 100% de acuerdo.
23.) @abarreat @Lisaladelsur No m alegra la muerte d alguien. Pero cada quien tiene derecho a sentir y a expresar sus sentimiento frente a X situacion
24.) @elu32 @Lisaladelsur No solo me alegro, estoy celebrando con varios amigos e imaginandomela en la quinta paila del infierno!
25.) @Yelidaza @Lisaladelsur lean Eichmann en Jerusalen de H Arendt y despes hablen de Psiquiatra. Se perdona pero nunca se debe olvidar
26.) @halmela @Lisaladelsur en un país serio, estuviese presa y no en a morgue.
27.) @halmela @Lisaladelsur no hace falta ir al psiquiatra para entender que somoza era un asesino y que su muerte me alegró. Igual sucede con la camarada
28.) @tosi19 @Lisaladelsur muy cierto,Dejamos d ser quien somos para ser lo q ellos nos hicieron ser
29.) @AlbertoGuerrMqz @Lisaladelsur porque los chavistas no nos han jodido pedazo de mierda! Tu lo q estas el loca, corre a tu farmacia..
30.) @nieveschavez @Lisaladelsur no m alegra su muerte,solo q es curioso q una REVOLUCIONARIA buscara ayuda médica en una CLINICA en lugar d ir a un CDI!
31) @nancataf @Lisaladelsur no tanto como alegrarse, pero entra un fresquitooo! Un malandro menos pal mundo!... Dioxxx!
32.) @guricas @Lisaladelsur donde queda el consultorio????
33.) @ricardoqueijo @Lisaladelsur Creo que la muerte de LR como la de cualquiera no debería alegrar a nadie, tampoco creo que su obra sea muy ejemplar !!!
34.) @MendezVG @Lisaladelsur ok yo necesito uno pero tarifa socialista!
35.) @adrianjmu @Lisaladelsur Que miserable es alegrarse de la muerte de un ser humano. :(
36.) @mariselaboada @Lisaladelsur manden una jaula para meter al y que cura padre palmar.
37.) @quirozlyo @Lisaladelsur Totalmente de acuerdo contigo, como me averguenzo de esos venezolanos enfermos ...
38.) @apmarquez @Lisaladelsur no hay citas con psiquiatras hasta el 2012, todos colapsados y full...libre solo Chirinos.
39.) @cla_cantarino @Lisaladelsur solo puedo decirte que hoy debemos agradecer a Lucifer por su "noble" acción
40.) @embermendoza @Lisaladelsur Totalmente de acuerdo,
41.) @leocdtp @Lisaladelsur Yo te soy franco no me alegro pero tampoco me entristece.
42.) @lcontreras46 @Lisaladelsur Hasta ahora La Bicha no ha manifestado alegría como lo hicieron los chavista por la torres gemelas
43.) @raulsalya @Lisaladelsur y tu a donde iras a un botiquin?donde salio lina ron!el egendro del chavismo!vaya a que le den!
44.) @calbahaca @Lisaladelsur así es! El que se alegra esta igual de mal...
Al leer el mensaje busqué información: qué había pasado, cómo habrían dado con su cuerpo, dónde sería velada, opiniones de sus familiares y demás detalles que están rodeadas con la muerte. En la búsqueda encontré de todo, desde una pequeña biografía, hasta una ristra de comentarios sobre la alegría que producía en otros “seres humanos” la muerte de Ron. No pude sentir menos que lástima por esta gente, sentí pena y hasta dolor. Esto me llevó a lanzar un comentario por las redes sociales, ámbito que se ha convertido en algo más que un diario para mí.
Mi tweet, específicamente, fue este: “Si usted se alegró con la muerte de Lina Ron, corra a su psiquiatra más cercano porque la política le ocasionó graves problemas mentales”. Un tweet simple y llano, que refleja la apreciación que tengo con respecto al sentimiento de satisfacción (e intrínsecamente relacionado con el odio más profundo y visceral) que produjo el deceso de Lina Ron en algunos venezolanos.
Cada quien es libre de pensar de la forma que quiera, de odiar o amar al presidente Chávez y sus seguidores y de estar o no de acuerdo con las políticas gubernamentales aplicadas, pero de allí a sentir placer, alegría, gozo o satisfacción por la muerte de otro ser humano hay un largo y espinoso trecho. Me pregunto: ¿acaso te gustaría que algún vecino (de esos inmamables que existen en casi todos los inmuebles) se alegrara y se carcajeara de la muerte de tu padre? ¿Antes de reírte por la muerte de Lina Ron pensaste, si quiera, en el dolor que embarga el corazón de sus familiares? Criticas a Lina Ron por las acciones que marcaron su férrea posición política, la consideras un ser violento, capaz de cometer delitos punibles y sancionables. ¿Sabes en qué te conviertes tú inmediatamente después de reírte de la muerte de una persona? ¿Sabes cuán podrida puede estar tú alma al sentir y disfrutar que un ser humano haya perdido la vida a causa de un infarto? ¿Realmente te crees mejor persona que Lina Ron simplemente porque ella fue a Globovisión y lanzó varias bombas lacrimógenas (por nombrar uno de los casos que más se le ha repudiado)? ¿Realmente eres mejor persona? Acuérdate leyendo el mensaje, revive el momento cuando tu rostro comenzó a formar un mohín y luego un sonrisa; vuelve a leer tus tweets de burla y la mofa que montaste en Twitter. Ahora te vuelvo a preguntar: ¿Realmente te crees mejor persona que Lina Ron?
Aquí les dejo algunos de los comentarios que produjo mi tweet. Los agrego porque muchos de ellos me llevaron a escribir este post.
1.) @Carloschac @Lisaladelsur tiene razón pero si causo un alivio una lider menos para la revolución
2.) @tovegal SENSATO WILMALY @Lisaladelsur Si Ud se alegró con muerte Lina Ron corra a psiquiatra pq la política le ocasionó graves problemas mentales
3.) @Makled_Oficcial @Lisaladelsur Por duelo este fin de semana, el hampa disminuirá en Ccs !
4.) @miguelmariara RT @rosahdez: RT @Lisaladelsur: Si usted se alegró con la muerte de Lina Ron, corra a su psiquiatra más cercano porque la política le ocasio
5.) @germanmilano @Lisaladelsur no nos alegramos pero es difícil digerir tanto odio de una persona a sus semejante incluso hasta desearles la muerte.
6.) @megaherzt @Lisaladelsur. Pobre lina la revolucion se la llevo. Que sigan pasando arrecheras y nop aprendan a vivir!
7.) @josezavalaz @Lisaladelsur estoy feliz por q es un chavista menos q le ha hecho dano al país.
8.) @La_Zaranda No hay alegría, pero mucho menos tristeza. si tu estas triste si q deberías ver un psicologo RT @Lisaladelsur Si usted se alegró con l
9.) @verdad1721 @Vladivillegas Felicitaciones por el RT de @lisaladelsur. Oportuna y sabias palabras
10.) @oscardrmont @Lisaladelsur tocara ir todos porque nadie tomo la noticia por el lado triste! Igual q con tascon!
11.) @verdad1721 David Marquez @Lisaladelsur Felicitaciones! Que palabras tan sabias, oportunas!
12.) @PQVOSVEAIS @Lisaladelsur SI HUBIERAS RECOMENDADO A ELLA PERSONALMENTE MIENTRAS ESTABA VIVA QUE SALIA CON EL POCO DE MALANDROS A MATAR AQUI ESTARIA
13.) @YiMmIcAsTiLlo @danielgeorgeh Si ud. se construye su realidad en base a lo que dicen los periódicos, solo conoce la mitad de su entorno @Lisaladelsur
14.) @DanielGeorgeH rt @Lisaladelsur @YiMmIcAsTiLlo Si usted creyó que Lina simplemente hacía política, compre periódicos y abra los ojos. "Correrá sangre" decía.
15.) @adrianacarol @Lisaladelsur con chavez todo sin chavez plomo, si cambio el sujeto x uno del MUD, y lo grito en TV, segurito voy presa... QEPD igual LR
16.) @henrytox RT @cucuhunck: RT @Lisaladelsur: Si usted se alegró con la muerte de Lina Ron, corra a su psiquiatra más (cont) http://tl.gd/94g411
17.) @abiudhr @Lisaladelsur ok, entonces dejame llamar a un psicologo amigo que tengo...gracias
18.) @evelyncontigo @elu32 @Lisaladelsur allá te esperará!
19.) @evelyncontigo @ @Armuse @Lisaladelsur a cuantos mato?
20.) @Armuse @Lisaladelsur. No hay que alegrarse por la muerte de un ser humano, pero la justicia divina esta actuando.
21.) @alevelasquez23 @Lisaladelsur estoy muy deacuerdo
22.) @Mimira @Lisaladelsur 100% de acuerdo.
23.) @abarreat @Lisaladelsur No m alegra la muerte d alguien. Pero cada quien tiene derecho a sentir y a expresar sus sentimiento frente a X situacion
24.) @elu32 @Lisaladelsur No solo me alegro, estoy celebrando con varios amigos e imaginandomela en la quinta paila del infierno!
25.) @Yelidaza @Lisaladelsur lean Eichmann en Jerusalen de H Arendt y despes hablen de Psiquiatra. Se perdona pero nunca se debe olvidar
26.) @halmela @Lisaladelsur en un país serio, estuviese presa y no en a morgue.
27.) @halmela @Lisaladelsur no hace falta ir al psiquiatra para entender que somoza era un asesino y que su muerte me alegró. Igual sucede con la camarada
28.) @tosi19 @Lisaladelsur muy cierto,Dejamos d ser quien somos para ser lo q ellos nos hicieron ser
29.) @AlbertoGuerrMqz @Lisaladelsur porque los chavistas no nos han jodido pedazo de mierda! Tu lo q estas el loca, corre a tu farmacia..
30.) @nieveschavez @Lisaladelsur no m alegra su muerte,solo q es curioso q una REVOLUCIONARIA buscara ayuda médica en una CLINICA en lugar d ir a un CDI!
31) @nancataf @Lisaladelsur no tanto como alegrarse, pero entra un fresquitooo! Un malandro menos pal mundo!... Dioxxx!
32.) @guricas @Lisaladelsur donde queda el consultorio????
33.) @ricardoqueijo @Lisaladelsur Creo que la muerte de LR como la de cualquiera no debería alegrar a nadie, tampoco creo que su obra sea muy ejemplar !!!
34.) @MendezVG @Lisaladelsur ok yo necesito uno pero tarifa socialista!
35.) @adrianjmu @Lisaladelsur Que miserable es alegrarse de la muerte de un ser humano. :(
36.) @mariselaboada @Lisaladelsur manden una jaula para meter al y que cura padre palmar.
37.) @quirozlyo @Lisaladelsur Totalmente de acuerdo contigo, como me averguenzo de esos venezolanos enfermos ...
38.) @apmarquez @Lisaladelsur no hay citas con psiquiatras hasta el 2012, todos colapsados y full...libre solo Chirinos.
39.) @cla_cantarino @Lisaladelsur solo puedo decirte que hoy debemos agradecer a Lucifer por su "noble" acción
40.) @embermendoza @Lisaladelsur Totalmente de acuerdo,
41.) @leocdtp @Lisaladelsur Yo te soy franco no me alegro pero tampoco me entristece.
42.) @lcontreras46 @Lisaladelsur Hasta ahora La Bicha no ha manifestado alegría como lo hicieron los chavista por la torres gemelas
43.) @raulsalya @Lisaladelsur y tu a donde iras a un botiquin?donde salio lina ron!el egendro del chavismo!vaya a que le den!
44.) @calbahaca @Lisaladelsur así es! El que se alegra esta igual de mal...
martes, 1 de marzo de 2011
Pretensiones de un periodista
Sentí ganas de llorar, para soltar esa tristeza dura que resfría el ánimo y le da un estornudo a la voluntad. Estaba frente al computador sin saber qué escribir, tan sólo esperando que alguna musa divina me poseyera y arrojara sobre las teclas toda la pasión que los sesudos escritores suelen desbordar en esos párrafos magistrales que tanto me esmero es subrayar. Pasé horas allí, soltando oraciones inconexas, sin sentido, tratando de imitar las frases que la noche anterior había leído. Volví al libro, recurría a las páginas con sus puntas dobladas, releí con sumo cuidado cada frase, cada palabra, haciendo un rápido ejercicio de desfragmentación, descuartizándolo todo, con el único propósito de saber cómo hacían estos héroes de pluma y tinta para escribir tan bien.
En las noches me atormentaba con eso; armaba frases geniales que al día siguiente olvidaba y me sumergían de nuevo en la abulia propia de la gente que no tiene nunca nada que decir ni escribir. Con la frente pegada a la almohada, surcaban en mi mente escenas magistralmente descritas sobre la puesta del sol entrando por la ventana y reflejándose en las cortinas. Metáforas perfectas que no salieron de los dedos de mi mente ni de las manos de mi imaginación. Demonios, cuándo escribiré así. Al día siguiente volvía la misma rutina. Leía cuanto libro caía en mis manos, releyendo los tan sonados clásicos: Nabókov, Twain, Chéjov, Flauvert, Fitzgerald, buscando claves, identificando recursos literarios: quizás era una aliteración, ajá, esta es una ironía, a lo mejor esto es una personificación. No sé, será mejor intentar de nuevo con la lectura. No hay nada más duro que ver pasar las horas con la vista puesta en una hoja blanca, tan vacía, tan sin cuerpo, sin venas ni sangre, tratando de conseguir la obra magistral que te llevará a la inmortalidad y te hará recobrar la calma necesario para dormir por las noches.
Una semana, dos, tres sintiendo el desazón de un cuerpo sin alma.
En las noches me atormentaba con eso; armaba frases geniales que al día siguiente olvidaba y me sumergían de nuevo en la abulia propia de la gente que no tiene nunca nada que decir ni escribir. Con la frente pegada a la almohada, surcaban en mi mente escenas magistralmente descritas sobre la puesta del sol entrando por la ventana y reflejándose en las cortinas. Metáforas perfectas que no salieron de los dedos de mi mente ni de las manos de mi imaginación. Demonios, cuándo escribiré así. Al día siguiente volvía la misma rutina. Leía cuanto libro caía en mis manos, releyendo los tan sonados clásicos: Nabókov, Twain, Chéjov, Flauvert, Fitzgerald, buscando claves, identificando recursos literarios: quizás era una aliteración, ajá, esta es una ironía, a lo mejor esto es una personificación. No sé, será mejor intentar de nuevo con la lectura. No hay nada más duro que ver pasar las horas con la vista puesta en una hoja blanca, tan vacía, tan sin cuerpo, sin venas ni sangre, tratando de conseguir la obra magistral que te llevará a la inmortalidad y te hará recobrar la calma necesario para dormir por las noches.
Una semana, dos, tres sintiendo el desazón de un cuerpo sin alma.
jueves, 17 de febrero de 2011
No me conformo con poco
Nunca me he sentido conforme con nada. Al principio pensé que era un grave defecto que me carcomería la conciencia hasta el resto de mis días. Luego de un largo proceso de reflexión, deduje que esa informidad me llevaría a ser grande, al menos, en propósitos y en ganas.
Si consigo un trabajo que todo el mundo alaba entro en pánico. Si me siento un día feliz con todo lo que me rodea, pues me preocupo. Hasta este punto podría decirse que padezco de un mal. Puede ser, pero he aquí una explicación: cuando sientas que has logrado todo en la vida, empieza a preocuparte porque, de seguro, estás muerto y no te has dado cuenta. Llegar a un estado de plenitud máxima, en donde nada es capaz de despertar un ápice de emoción, expectativa, miedo, tristeza o ganas, debe ser una prueba inequívoca de que tu alma se fue al otro lado y no tuvo la gentileza de avisarte. La inconformidad es energía, es motivación, es movimiento y el movimiento es vida. Punto.
No hablo de inconformidad monetaria, hablo de inconformidad espiritual, de sentir que aun te quedan cosas por hacer, por ver, por soñar, por tocar, por sentir. Quizás visitar un parque y caminar desclasa, sentarse en el piso y contarte los lunares, quizás ir al Ávila y ejercer el divino don de la contemplación, escribir un libro, leerte uno, quizás, quizás, quizás. Muchos sueños, cientos de emociones. Quizás por eso no me conformo, porque mi mente no para y se imagina mil formas de hacer las cosas, de disfrutar esos setenta y tantos años de vida que las estadísticas aseguran que vivirás sobre este pedazo de tierra.
¿Qué si es duro pensar así? Si lo es, sin duda. No es fácil flagelarse siempre con la loca pretensión que todo aquello que no me gusta puede transformarse si tan solo me esfuerzo. No es fácil irse quejando de todo aquello que no está bien: de la gente que se come la luz del semáforo, de los trabajos mediocres, de los sueldos empobrecedores, de las charlas aburridoras, de los jefes megalómanos e inmamables, de la crisis económica, de los muertes, del implacable paso del tiempo, del metabolismo lento, de los altos precios de los libros, de los políticos ineptos que abundan en mi país, de aquellos que se callan cuando deben gritar, y de aquellos que gritan cuando deben hablar.
Sin embargo sigo luchando para no dejarme arrastrar por la bocanada de polvo que siempre intentará soterrarte las ganas de ser mejor, con esa fuerza que se empeña en mantenerte siempre pegada del mismo punto, asida a la costumbre, a las cosas medios hechas, “porque este fue el mundo que te tocó vivir”. Seguiré siendo libre en la medida que mi mente y me cuerpo se propongan en desplazarse más allá de los kilómetros, en la medida que mis manos se preocupen por tocar cosas distintas, que mi lengua se antoje de probar nuevos sabores, que mis ojos se esfuercen por descubrir nuevos colores.
Si consigo un trabajo que todo el mundo alaba entro en pánico. Si me siento un día feliz con todo lo que me rodea, pues me preocupo. Hasta este punto podría decirse que padezco de un mal. Puede ser, pero he aquí una explicación: cuando sientas que has logrado todo en la vida, empieza a preocuparte porque, de seguro, estás muerto y no te has dado cuenta. Llegar a un estado de plenitud máxima, en donde nada es capaz de despertar un ápice de emoción, expectativa, miedo, tristeza o ganas, debe ser una prueba inequívoca de que tu alma se fue al otro lado y no tuvo la gentileza de avisarte. La inconformidad es energía, es motivación, es movimiento y el movimiento es vida. Punto.
No hablo de inconformidad monetaria, hablo de inconformidad espiritual, de sentir que aun te quedan cosas por hacer, por ver, por soñar, por tocar, por sentir. Quizás visitar un parque y caminar desclasa, sentarse en el piso y contarte los lunares, quizás ir al Ávila y ejercer el divino don de la contemplación, escribir un libro, leerte uno, quizás, quizás, quizás. Muchos sueños, cientos de emociones. Quizás por eso no me conformo, porque mi mente no para y se imagina mil formas de hacer las cosas, de disfrutar esos setenta y tantos años de vida que las estadísticas aseguran que vivirás sobre este pedazo de tierra.
¿Qué si es duro pensar así? Si lo es, sin duda. No es fácil flagelarse siempre con la loca pretensión que todo aquello que no me gusta puede transformarse si tan solo me esfuerzo. No es fácil irse quejando de todo aquello que no está bien: de la gente que se come la luz del semáforo, de los trabajos mediocres, de los sueldos empobrecedores, de las charlas aburridoras, de los jefes megalómanos e inmamables, de la crisis económica, de los muertes, del implacable paso del tiempo, del metabolismo lento, de los altos precios de los libros, de los políticos ineptos que abundan en mi país, de aquellos que se callan cuando deben gritar, y de aquellos que gritan cuando deben hablar.
Sin embargo sigo luchando para no dejarme arrastrar por la bocanada de polvo que siempre intentará soterrarte las ganas de ser mejor, con esa fuerza que se empeña en mantenerte siempre pegada del mismo punto, asida a la costumbre, a las cosas medios hechas, “porque este fue el mundo que te tocó vivir”. Seguiré siendo libre en la medida que mi mente y me cuerpo se propongan en desplazarse más allá de los kilómetros, en la medida que mis manos se preocupen por tocar cosas distintas, que mi lengua se antoje de probar nuevos sabores, que mis ojos se esfuercen por descubrir nuevos colores.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
No es solo un pueblo, también es calidad de vida
Ayer estuve en la calle, sola, de noche y no sentí miedo. El carro, parqueado frente a una solitaria panadería, tardó 10 minutos para encender y no lloré. Es raro, porque suelo ser un ramillete de nervios que tiembla al primer empujón y que reproduce un movimiento similar al de una jalea a medio espesar cayendo al suelo. Sin embargo, ayer no pasó. Ayer me sentí segura, tranquila y hasta protegida en medio de tanta oscurana. No había ni un solo policía, no había personas alrededor, pero igual me sentí resguardada como si en lugar de estar en pleno centro de Porlamar estuviese en Patmos. Fue extraño, porque, según creí, el sentimiento de seguridad se me había desgastado al igual que los surcos de los cauchos se van borrando de tanto rodar. Desde hace un año que no me pasa eso: ya no escondo la cartera detrás del asiento, ni disimulo mi anillo de graduación cuando salgo a la calle. Insisto, es raro, porque según dicen los diarios hubo 3 muertes el fin semana y ayer robaron a un chino, y la semana pasada a un árabe, y la amiga de una amiga le arrancaron el celular cuando iba entrando al Sambil, y a la tía de esa misma amiga la secuestraron el sábado, y la 4 de Mayo no es un lugar seguro, y Venezuela es peligrosa estés donde estés. Pero digan lo que digan, aquí me siento segura. Ha de ser que vivir en Caracas me sacó cayos y lo que sucede en una Isla me parece juego de carritos. Me rio irónica cuando un ñero me dice: “Es que aquí nos está comiendo la inseguridad”, y luego le suelto esta perla: “No has visto nada. Vete pa’ Caracas pa’ que vos veáis”. Sin duda, es triste.
Veo asombrada como juegan los niños en la calle, frente a sus casas, en bicicletas y descalzos, incrédulos frente a un mundo malo que mata por cualquier cosa; me sorprende ver parejas besándose en la oscuridad y soledad de la noche sin temor de que alguien les arrebate la cartera. Y me descubro alelada viendo como la gente se reúne en sus casas para celebrar el día de la Virgen sin que las barras de una reja surquen sus caras y sus risas. Y más me sorprende que eso me sorprenda, porque se supone que ese es el deber ser, porque eso es lo que le pone cara a la frase “calidad de vida”. Pero a pesar de estar aquí por más de un año, estas escenas me siguen causando asombro. Me deja pasmada ver a la gente hablando de carro en carro frente a un semáforo; me rio nerviosa cuando paso por alguna licorería repleta de estudiantes que disfrutan su fin de semana comprando caña a precio de puerto libre. A veces siento, y no sé si sea bueno o malo, como si no estuviese viendo en el mismo país. Solo aterrizo y caigo en la cuenta cuando escucho “dame un marroncito, hermano” pedido a los gritos. Allí me digo: “Si, estás en Venezuela”.
En la cuesta que va hacia mi casa hay un pequeño barrio: una serie de casitas apiñadas cuya construcción autodidacta descubre las infinitas cualidades arquitectónicas de sus habitantes. Su nombre es “Petarito” y su pasividad va en sentido contrario con la alarmante rapidez con la que mueren lo habitantes de la otra, de la original, la de la ciudad, “Petare”. En esta, la pequeña, la tranquila, la de pueblo, no se escuchan ráfagas de tiro, ni sirenas de ambulancia; en ella se escuchan las piezas de dominó pegando contra la mesa de madera. También se escuchan las risas de los niños que juegan futbol bajo la lluvia, y cierran la vía para que ningún carro “antojao” venga a interrumpir la gran final. Por allí paso todos los días y aun me parece extraño ver un burro “estacionado” en la entrada de “Petarito”, al lado de los niños, como cualquier mascota al que le pones de cariño “mi muñito”. Que lindo, que tierno, que de pueblo tiene esta ciudad turística, que encanto rural. Si, es eso, encanto rural, que tranquilidad tan mundana y envidiada por las ciudades hacinadas por tanto carro, tanto centro comercial, tanta tasca vacía por los altos precios y la inseguridad. Tanta variedad que no se disfruta porque no te deja opción, porque es casi imposible llegar a cualquier parte.
Veo asombrada como juegan los niños en la calle, frente a sus casas, en bicicletas y descalzos, incrédulos frente a un mundo malo que mata por cualquier cosa; me sorprende ver parejas besándose en la oscuridad y soledad de la noche sin temor de que alguien les arrebate la cartera. Y me descubro alelada viendo como la gente se reúne en sus casas para celebrar el día de la Virgen sin que las barras de una reja surquen sus caras y sus risas. Y más me sorprende que eso me sorprenda, porque se supone que ese es el deber ser, porque eso es lo que le pone cara a la frase “calidad de vida”. Pero a pesar de estar aquí por más de un año, estas escenas me siguen causando asombro. Me deja pasmada ver a la gente hablando de carro en carro frente a un semáforo; me rio nerviosa cuando paso por alguna licorería repleta de estudiantes que disfrutan su fin de semana comprando caña a precio de puerto libre. A veces siento, y no sé si sea bueno o malo, como si no estuviese viendo en el mismo país. Solo aterrizo y caigo en la cuenta cuando escucho “dame un marroncito, hermano” pedido a los gritos. Allí me digo: “Si, estás en Venezuela”.
En la cuesta que va hacia mi casa hay un pequeño barrio: una serie de casitas apiñadas cuya construcción autodidacta descubre las infinitas cualidades arquitectónicas de sus habitantes. Su nombre es “Petarito” y su pasividad va en sentido contrario con la alarmante rapidez con la que mueren lo habitantes de la otra, de la original, la de la ciudad, “Petare”. En esta, la pequeña, la tranquila, la de pueblo, no se escuchan ráfagas de tiro, ni sirenas de ambulancia; en ella se escuchan las piezas de dominó pegando contra la mesa de madera. También se escuchan las risas de los niños que juegan futbol bajo la lluvia, y cierran la vía para que ningún carro “antojao” venga a interrumpir la gran final. Por allí paso todos los días y aun me parece extraño ver un burro “estacionado” en la entrada de “Petarito”, al lado de los niños, como cualquier mascota al que le pones de cariño “mi muñito”. Que lindo, que tierno, que de pueblo tiene esta ciudad turística, que encanto rural. Si, es eso, encanto rural, que tranquilidad tan mundana y envidiada por las ciudades hacinadas por tanto carro, tanto centro comercial, tanta tasca vacía por los altos precios y la inseguridad. Tanta variedad que no se disfruta porque no te deja opción, porque es casi imposible llegar a cualquier parte.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Malabaristas de semáforo: puro arte urbano
Malabaristas de semáforo son más que pedigüeños...son arte de la calle
En las calles insulares, como si fueran escenarios circenses, aparece un grupo de jóvenes que juegan a los malabares entre el cambio del rojo al verde. Unos segundos les basta para lanzar pelotas al aire mientras se balancean en un monociclo.
El malabarismo implica un ejercicio de coordinación entre las manos, unido al equilibrio del cuerpo y la concentración.
...
El semáforo cambia y esa es su oportunidad. Un minuto para demostrar lo que tanto ha ensayado. No vacila, a pesar de que el sol le quema la piel. Dos mazas (vara cuyo extremo es mas ancho) le bastan para lucirse en el espectáculo.
Los carros se detiene y empieza el show: Arroja los objetos en el aire de manera simultánea, y los cambia de mano a mano, con destreza, sin caérseles al suelo. Su posición es erguida, a pesar que los rayos del sol caen directamente sobre sus ojos.
Falla. Una de las mazas cae y rueda debajo de un carro, se lamenta, mientras sus compañeros de oficio le hacen un gesto de desaprobación. Parece que nadie lo notó.
“Hay conductores que ni nos miran, nos odian”, confiesa Fernando (seudónimo) quien lleva el peso de hacer malabares esa mañana.
Tras el breve espectáculo, viene el momento de la premiación. Se quita la gorra, y con una gran sonrisa, va pasando por cada uno de las ventanillas que le da tiempo de recorrer antes de que el semáforo se vuelva al verde.
Unas cuantas monedas, ya lleva Bs.50 y “apenas son las once de la mañana. A veces logramos recabar hasta Bs. 140, lo que nos da para subsistir decentemente”, reitera Fernando.
Rafaela, la mujer del grupo, no es venezolana, viene de Chile con la idea “de vivir libre”.
- Me gusta lo que hago, esta es mi profesión. Algunos creen que sólo lo hacemos por dinero, pero no saben que esto también es arte. Entretenemos a la gente con nuestro show, asegura Rafaela, mientras arroja pequeñas pelotas al aire.
El semáforo cambia de nuevo. Otra vez empieza la faena.
Malabaristas en la Isla
Aunque son pocos en número, cada día los semáforos de la región insular se ven animados por característicos personajes que lanzan objetos al aire, mientras desafían la gravedad. Montados en monociclos, y hasta rodeados de fuego, demuestran sus habilidades en el arte de manipular y ejecutar más de tres objetos de forma simultanea.
Simón Ojeda, quien lleva más de cinco años ejerciendo como malabaristas en varios centros de atracción del país, cuenta que el oficio implica un esfuerzo motriz significativo.
“Mantener cuatro o cinco pelotas moviéndose simultáneamente por el aire no es fácil, para ello tienes que desarrollar cualidades psicomotrices y de coordinación que te permitan tener el control de ellas para que no caigan”.
Paco Fernández, malabarista callejero, cuenta que ha paseado por varios estados del país gracias a su arte.
“Yo vengo de Caracas, y hago mi arte en los Palos Grandes. Allí la gente es receptiva, da buenas propinas. Aquí en la Isla llevo apenas dos semanas y no me ha ido tan mal”.
Fernández confiesa que se va rotando de esquina (antes hacía malabares en el semáforo de la Terranova pero allí ya había otro grupo que hacía lo mismo que él), siempre buscando el mejor público.
“El mejor público es el que se ríe con lo que hacemos, no ese que nos sube el vidrio cuando pasamos. Nosotros no exigimos grandes sumas, solo una ayudita”.
Con respecto a la presencia de menores de edad en el oficio de malabarismo callejero, la presidenta de la Fundación Niño Simón, Zamira Ekhayel, destaca que, hasta el momento, no se registran menores de edad que están por la calle haciendo este tipo de espectáculos.
“Hasta donde sabemos, la mayoría de los muchachos que hacen esto son mayores de edad e incluso son provenientes de otros países como Argentina, Uruguay o Chile. También hay muchos que pertenecen a la cultura Rastafari (movimiento cultural y religioso proveniente de Etiopía) y realizan estos actos como forma de vida, como cultura”, agregó Ekhayel.
Datos:
Según el portal wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Malabarismo), los juegos malabares son de suma dificultad que proporciona “un contexto de estudio, superación, agilidad, gimnasia.
Los malabaristas pueden usar elementos como las pelotas, aros o anillos, machetes, diábolos o platos chinos.
Los movimientos básicos para iniciarse en el mundo del malabarismo comienzan con una bola que se va lanzando de mano en mano. Luego se incluye una segunda pelota. En el momento que ésta llega al punto más alto de su trayectoria, lanzamos la otra. Todos los movimientos se repiten hasta que se logra la perfección.
martes, 26 de octubre de 2010
Mi paso por una sala de redacción

Mientras estudiaba Comunicación social en la UCV, las salas de redacción de los periódicos se me antojaban antológicas, de ensueño, únicas y propicias para el aprendizaje de una carrera apasionante. Me las imaginaba enormes, con mucha luz, llena de libros, y de tecleos incesantes frente a un computador. Todo un sueño para una pichón de periodista que soñaba con ver su nombre plasmado en una hoja en escala de grises, de tamaño estándar o tabloide. Ya en la mitad de la carrera, muchos de mis compañeros se habían inmerso en ese mundillo de genios y no tan genios, que juegan a tener la información más fresca y que cargan a cuesta la responsabilidad de publicarlas con la mayor “objetividad e imparcialidad posible”. Yo, mientras tanto, me esforzaba por encontrar un empleo que me permitiera ganar experiencia pero que no me retrasara los estudios.
Los veía, sentada en el banco verde frente a la escuela, correr para el periódico después de la última clase de la mañana, y luego los veía regresar, cegajosos y mal peinados, para asistir a las clases nocturnas. Los admiraba, lo confieso; soñaba con estar tan ajetreados como ellos, llenos de anotaciones y revisando el celular a cada rato para verificar que su jefa de prensa no los hubiese llamado. Por alguna razón, pasé años trabajando en cientos de cosas disímiles a lo que, en apariencia, era mi sueño: trabajar en un periódico. Fue a mis 25 años, y en una ciudad totalmente extraña, cuando por fin puse en marcha lo que había sido mi anhelo estudiantil y mi frustración profesional. Harto sabido era la mala paga que recibimos los periodistas de impresos, como harto sabido también era el desgaste físico y mental a los que son sometidos los reporteros. De igual forma no me importó: había determinado vivir esta experiencia a costa de lo que fuese, aunque esto a la postrera implicara una severa destrucción fácil y la preocupante caída del cabello.
Primer día
Llegue un lunes a las 8:30 de la mañana, cargada de ganas y buena disposición. En mi cartera tenía la tradicional libreta de anotaciones, dos bolígrafos (por si uno se dañaba), la grabadora y dos juegos de pilas; una aguja e hilo por si se rompía algo en medio de la entrevista, pega de zapato, dos ibuprofenos y tres chicles de menta. Todo un arsenal de cosas, como si en lugar de ir mi primer día de trabajo, me hubiese ido a la Franja de Gaza a batallar dentro del campo de las ideas y los paroxismos.
Me supuse que el primer día, por tratarse de la nueva, sería un poco más flexible. Me equivoqué. Mi primera pauta fue un robo de 12 computadores en un colegio público cerca de la Asunción, que a todas luces tenía pinta de ser nota a página completa y posible titular de primera. Ojo, no porque la noticia fuese la más importante, pero en una Isla suelen suceder muy pocas cosas trascendentales y un robo de computadoras, fácilmente, puede ser lo más importante del día (por no decir la semana).
Nota: aparte de la nota de sucesos, me tocó un acto político y una entrevista a la jefa de Zona Educativa del estado.
No sé como sea el maní en otros medios, pero en el Sol de Margarita las cosas suelen ser bastante extrañas. Tan sólo hay 5 periodistas que cubren todos los hechos locales, más sucesos, temas económicos y/o culturales. También hay 4 carros para transportas a las periodistas; 4 vehículos que se reducen a tres pues uno de ellos debe quedarse para los periodistas de deportes y la sección de espectáculos. Es decir, cinco periodistas deben sortearse los vehículos y los fotógrafos. Ese día, mi primer día, me tocó viajar con otra periodista (con su lista de pautas también) y un solo fotógrafo. Por ley, la primera pauta que se cumple es la de mi compañera, por ser ésta las más antigua y porque debo pagar la novatada. Ya son las 9: 30 de la mañana y aún no tengo nada escrito en mi coqueta libreta rosada. Nada alentador.
Es a las diez y cuarenta de la mañana cuando por fin piso el violentado colegio. No era la revuelta que esperaba: unos cuantos papeles en el suelo, una cerradura rota y más susto que hechos, la verdad. Los profesores en las escaleras hablaban de cualquier cosa y, a esa hora del día, aún la policía del estado no había hecho acto de presencia. Recabo mi información, dos o tres fotos del “reguero” y listo, a la otra pauta. Para, no tan rápido, antes de ir a mi segunda pauta debemos pasar por la segunda de mi compañera. Todo lento, poco a poco.
A la una de la tarde por fin llego a lo que será mi casa durante los cinco meses que duró mi ilusión dentro de una sala de redacción y, fíjense, digo ilusión porque todo ese cuento que se había armado en mi cabeza durante los años de estudios no era más que las frases hechas de mis sesudos profesores, que nos contaban con fascinación sus años como reporteros, obviando habilidosamente las cientos de horas sin dormir y la penosa muerte que va sufriendo la creatividad y las ganas de escribir conforme van pasando los días. Ese detallito no lo dicen (al menos a mi no me lo dijeron) en las clases de periodismo. Porque más allá de lo obvio: la mala paga y el exceso de trabajo, queda soterrado lo más importante: el verdadero ejercicio de la profesión que va muriendo como muere la pasión en las parejas que ya no se aman.
Las ganas de escribir historias fascinantes sobre cómo ve la vida un pescador que trabaja como un esclavo para ganar plata y luego gastársela en cerveza se ven aniquiladas por la inmediatez de la noticia, el exceso de trabajo y el irremediable “escribe cualquier vaina y llena ese hueco”. Porque, señores, dejémonos de romanticismo, en un periódico lo que importa en tener la exclusiva, vender ejemplares y llenar las venti tanto páginas con lo que sea. Reitero, no sé si en todos los medios impresos sea igual, pero con otros colegas con los que he compartida esta versión la similitud es pasmosa. Y no es porque los periodistas no quieran hacer algo más innovador y creativo como una crónica al estilo Soho, sino que para crear historias fascinantes es imperante el tiempo. La investigación, como todo, requiere de esa magnitud física con la que medimos la duración de los acontecimiento, mejor conocida como “Tiempo” *.
Al principio, comienzas por anotar los temas de interés en tu libreta, para luego desarrollarlo en los trabajos de fin semana. Le pones ojitos, los subrayas con marcador, le colocas pendiente con resaltador fucsia, pero que va, el tiempo te va comiendo la memoria, el cansancio se absorbe la inspiración y la rutina de las pautas termina destrozando todo interés por innovar. Ya no te tomas tiempo para escribir tus notas, sino que te sientas como un autómata a vomitar todo lo que dijo la fuente. Te conviertes en repetidor de citas. Hasta podrías cobrar por eso, como recordatorio de las frases más relevantes de algún ministro, de algún vendedor, del presiente…Ya no eres un escritor de historias, mutas a un escritor de caracteres, mientras el intrépido periodista que soñaste ser se va convirtiendo en un burócrata más, en un hacedor de titulares rimbombantes. ¿Qué dónde quedan las historias? Quizás escritas en algún blog, o en alguna crónica que aun no se ha publicado.
Como escribió Orhan Pamuk en su libro “Me llamo rojo”: "Si no quieres que el arte y la pintura de decepcionen, mejor que no se te ocurra verlos como una profesión. Por mucha habilidad y condiciones que tengas, busca el dinero y el poder en otro lugar, de manera que, al no recibir la justa compensación por tu habilidad y tu trabajo, no llegues a odiar el arte".
Como ven, la costumbre de citar no se ha ido del todo.
Para terminar el cuento, ese día terminé de escribir a las nueve de la noche, con sólo dos correcciones de las notas por parte de la editora en jefe y tres modificaciones hechas por el corrector de estilo. Por comentarios de mis compañeras, al parecer, en mi primer día salí bien librada, aunque nunca se explicaron por qué me habían mandado a cubrir sucesos. Pero bueno, fue tremenda experiencia.
* concepto cortesía de tía Wiki.
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